El largo viaje de Bernard C. Day (4): hacia el fin de la Tierra

Una de las razones por las que Shackleton encontró tanta dificultad para financiar su expedición de 1907 fue que para cuando anunció su viaje Robert Scott llevaba meses preparando su propio asalto al polo sur en secreto. Parte de esa preparación había consistido, precisamente, en asegurarse los fondos necesarios de los patrocinadores más dispuestos a colaborar y sin dar pistas a quienes consideraba sus rivales: los noruegos y, cómo no, el propio Ernest. 

Scott y Charcot en Lautaret

Robert Falcon Scott junto a uno de los prototipos durante los test de Lautaret
(A través de los foros del Museo de Historia Natural de Londres, fuente desconocida)

Scott también quería poner a prueba la idea de los trineos a motor sólo que su aproximación sería diferente: emplearía trineos a motor diseñados directamente bajo la supervisión de Reginald Skelton. En las mismas fechas el explorador francés Jean-Baptiste Charcot, el famoso capitán del “Pourqoi Pas?” que se llevó a la Antártida 125 botellas de Anis del Mono en 1903, preparaba otro viaje al continente austral en el que también planeaba usar trineos a gasolina. Ambos equipos decidieron unirse para realizar pruebas de sus prototipos en el terreno más parecido a la Antártida que podían encontrar en Europa Central, los Alpes. El lugar que escogieron no era, después de todo, una réplica del Polo Sur pero se trataba de un enclave soberbio: el Col de Lautaret, junto al Glaciar Combeynot y en la ladera sur del temible Galibier con el que el Tour de Francia no se había atrevido aún. 

En marzo de 1908, semanas después de que Bernard C. Day hubiese descubierto por las malas en el Cabo Royds que los vehículos a motor lo iban a tener difícil en la Antártida, Scott y Charcot pusieron a prueba sus artilugios. Los de Scott eran grandes y pesados, movidos por motores Wolseley adaptados especialmente en la fábrica, mientras que los de Charcot eran más ligeros y estaban animados por propulsores De Dion. En un entorno del que podían sacar pocas conclusiones, una de ellas fue la misma que Day había descubierto en el otro extremo del planeta días antes: el peso era un gran enemigo. Y los trineos de Scott tenían mucho de sobra.

La traición de Fefor

Uno de los trineos de Scott durante las pruebas en Fefor, Noruega
(Fuente desconocida)

Cuando en primavera de 1909 la expedición Nimrod volvió a Inglaterra Shackleton fue alabado por su logro. A pesar de algunas disputas acerca de la latitud exacta que había alcanzado, su viaje se había acercado al polo sur más que ningún otro antes y, al menos durante los siguientes dos años, nadie superaría ese hito. El experimento del coche fue acogido con más indiferencia y bastantes críticas, quizá debido a las desorbitadas expectativas creadas. Pero la experiencia de Bernard C. Day con el Arrol-Johnston se convirtió en una información muy valiosa para aquellos que seguían creyendo en la tracción mecánica como transporte polar y que, precisamente, se proponían superar el logro de Shackleton. Y la oferta no tardó en llegar.

A principios de marzo de 1910 Day ya formaba parte del equipo de Scott y viajó con él a Fefor, Noruega, para realizar las últimas pruebas con los trineos a motor que iban a llevar a la Antártida. A las pruebas también acudió Reginald Skelton, la persona cuya idea había desencadenado una carrera tecnológica en la exploración polar e indirectamente había cambiado la vida de Bernard. Los trineos de Scott eran muy distintos del Arrol-Johnston que Day había usado en el Polo Sur. Su propulsión era de oruga, una solución técnica muy rara hasta aquel momento, y carecían de dirección dado que por su escasa velocidad máxima estaba pensado que fuesen girados manualmente mediante cuerdas por las personas que los acompañaban. En Noruega Day desplegó todo su conocimiento y experiencia en manejar aquellos extraños artilugios. A pesar de algún pequeño accidente, Scott salió convencido de que los vehículos serían útiles en la Antártida y Skelton satisfecho porque su idea se había convertido en realidad y pronto la probaría sobre el terreno.

Ilustración de las pruebas de Fefor
(New York Times, 16 de febrero de 1913)

Sin embargo a Reginald le esperaba otro descubrimiento en Fefor: que Scott no contaba con él para la expedición Terra Nova. A pesar de haberle animado a desarrollar su idea sobre los trineos a motor y haberle prometido que no volvería a la Antártida sin él, el capitan decidió dejar en tierra a quien había imaginado aquellos vehículos. Skelton se sintió traicionado de la peor de las maneras posibles, y así se lo hizo saber a Scott explícitamente. La traición, en cambio, iba a mandar a Bernard C. Day de vuelta a la Antártida como la persona encargada de la última tecnología en el viaje que pretendía llegar al fin del mundo. 

Las orugas antárticas

El Teniente Evans y Bernard C. Day arrastran un trineo motorizado.
(Herbert Ponting, Scott Polar Research Institute, nº 2005/5/991)

La historia de la carrera por llegar primero al polo sur entre el equipo noruego de Amundsen y el británico de Scott es uno de los principales relatos épicos del siglo XX. Las diferencias que marcaron la elección de la base y los medios de transporte (esquís, perros y trineos en el caso de Amundsen, ponys, trineos con perros y tres trineos a motor en el caso de Scott) han sido analizadas durante generaciones y la rivalidad entre ambos convertida en un clásico de los libros sobre aventuras y exploraciones. 

Para Bernard C. Day, a principios de 1911, no había lugar para la épica en su trabajo cotidiano de mecánico de la expedición, ya que la Antártida no había dado a los trineos una bienvenida acogedora. El 8 de enero de 1911, cuando descargaban el tercero y lo dirigían hacia el refugio del Discovery en la bahía McMurdo, el vehículo se hundió en una grieta oculta bajo la nieve. Varios hombres intentaron sujetarlo con cuerdas para salvarlo pero finalmente las cuerdas se rompieron y el artilugio se fue al fondo del mar sin haber llegado a entrar en servicio.

Descargando del Terra Nova el tercer trineo motorizado, que acabaría en el fondo del mar minutos después
(Herbert Ponting, Scott Polar Research Institute, nº 2005/5/161)

Con sólo dos trineos los planes del “Motor Party” de Scott (Day al cargo, el Teniente Evans, Lashly y Hooper) habían quedado trastocados antes de empezar. Como había sucedido con el Arrol-Johnston y como habían intuído en Lautaret, los trineos motorizados sufrían el exceso de peso y pasaban con dificultad la nieve suelta. Los problemas de calentamiento se repitieron en los motores Wolseley así que Day ideó un sistema para favorecer la refrigeración por aire pero proteger el carburador de los vientos y la nieve. Bernard además tampoco podía utilizar la velocidad como técnica para superar algunos obstáculos ya que la velocidad máxima de los trineos apenas llegaba a los 10 km/h y su alto centro de gravedad los hacía muy inestables. Y aún a pesar de todo Day, con su habilidad y ese aire suficiente que destacaban sus compañeros, logro ascender las rampas de la Gran Barrera de Hielo, siendo la primera persona en hacerlo con un vehículo a motor.

Bernard C. Day explica el rendimiento de los trineos a motor de la expedición Terra Nova
(New York Times, 16 de febrero de 1913)

En febrero de 1913 Day escribió para la revista The Car un artículo, recogido también por el New York Times, en el que explicaba el funcionamiento de los trineos a motor con precisión técnica y una enorme dósis de sentido común. “¿Estaban destinados a ser un completo éxito? Esto no es fácil de responder. De hecho la respuesta depende por completo de los resultados que se esperasen del experimento. Si describo exáctamente lo que hicieron demostraré por qué considero su rendimiento general como satisfactorio, siempre que las dificultades específicas de sus misiones sean tenidas en cuenta“.

Volver del desastre

Scott planeó su asalto al polo sur con un equipo de 16 hombres que escalonaría sus salidas y retornos y del que sólo quedarían 5 para el esfuerzo final. Los primeros en salir, el 24 de octubre de 1911, fueron Day, Evans, Lashly y Hooper a bordo de sus trineos para repartir víveres por la ruta hasta más allá de la Gran Barrera. Los problemas de calentamiento acabaron con los dos motores en apenas una semana y el “Motor Party” se vio obligado a arrastrar los víveres durante casi 250 km y dos semanas más para cumplir con el plan. El 24 de noviembre Scott mandó a Day y Hooper de vuelta al refugio del Discovery (renombrado “Cabo Evans”). No llegarían hasta el 21 de diciembre. En el camino del polo sur los cinco elegidos, Scott, Bowers, Wilson, Oates y Evans, iniciaron la última etapa el 3 de enero de 1912, sin saber que Amundsen había alcanzado el polo sur casi 20 días antes.

La suerte del equipo que intentó alcanzar el polo sur es de sobra conocida hoy en día. Sin embargo pasaron meses hasta que los propios miembros de la expedición supieron lo que había pasado. La enésima misión de búsqueda encontró los cadáveres en noviembre de 1912. El mundo no supo de la noticia noticia hasta que el Terra Nova volvió a Nueva Zelanda en febrero de 1913. Para entonces Bernard C. Day estaba viviendo en Australia. Se enteró de la noticia al tiempo que cualquiera.

Bernard C. Day por Herbert Ponting, 21 de diciembre de 1911
(Scott Polar Research Institute, nº 2005/5/723)

El día que llegó de vuelta a la base de Cabo Evans, Herbert Ponting, el fotógrafo que acompañaba a la expedición, tomó un retrato de Day. Acaba de llegar de una terrible marcha de un mes; no sabe nada de Amundsen; no intuye el destino de sus compañeros. Se conservan dos tomas de esta imagen en el fondo del Scott Polar Research Institute. En una Bernard mira a cámara con aire cansado, la piel curtida por el reflejo del hielo y la barba desaliñada. En la otra, casí idéntica, Day esboza una ligera sonrisa bajo su mirada tranquila. Es un tipo atractivo que, a pesar del inmenso esfuerzo que acababa de hacer, parece relajado y sencillo. Es quizá uno de los retratos más fascinantes de la exploración polar de principios del siglo XX. Y sin duda el mejor retrato que se conserva de Bernard C. Day. 

Continúa a 5 y fin.

Para seguir explorando:

Cronología de la Expedición Terra Nova

Diarios de Robert Falcon Scott, Scott Polar Research Institute (en inglés)

La última expedición de Scott, crónica de editada por Leonard Huxley (en inglés)

Volumen I

Volumen II

The Great White South, Herbert Ponting

With Scott. The silver lining, Griffith Taylor

2 comentarios en “El largo viaje de Bernard C. Day (4): hacia el fin de la Tierra

  1. Pingback: El largo viaje de Bernard C. Day (3): el mecánico y “Aurora Australis”. | ¿Dónde está el depósito…?

  2. Pingback: El largo viaje de Bernard C. Day | ¿Dónde está el depósito…?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s